Mi versión nocturna.

A veces siento que soy la prueba viva de una "personalidad feliz con el alma triste".
De día sonrío sin esfuerzo, hago bromas, chistes, y soy optimista. Parezco ligera, estable, incluso feliz.

Pero cuando cae la noche y me quedo sola, todo se derrumba. Regresa esa sensación asfixiante de tristeza, vacío y depresión; la certeza de no ser suficiente para nada ni para nadie. No sé si ese sentimiento es real, pero existe, pesa, y aprendí a cargarlo como si fuera parte de mí.

La gente se sorprendería si conociera a mi versión nocturna: esa adolescente suicida que nunca creció, que se quedó suspendida en el abandono, el silencio y la falta de amor. Nadie imaginaría que habita dentro de una casi profesionista con excelencia académica y una vida que, desde afuera, parece perfecta.

Al final, las apariencias no solo engañan: mienten.

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