Soy yo.
Odio en lo que me he convertido. Y lo peor es que no es accidente. Soy yo eligiendo lo mismo una y otra vez. No sé estar sola porque me doy miedo. Porque cuando no hay nadie, solo quedo yo y no me gusto. Digo que necesito amor, pero lo que necesito es anestesia. Cualquier mensaje sirve. Cualquier abrazo sirve. Cualquier "te quiero" mal dicho sirve con tal de no sentir el hueco. Me quejo de que me dejan, pero yo me abandono primero. Me traiciono. Me hago pequeña. Me adapto. Me doblo. Acepto migajas y luego lloro porque no me dieron un banquete. ¿Quién me obligó a sentarme en esa mesa? Nadie. Soy yo buscando validación como si fuera oxígeno. Soy yo rogando que alguien se quede aunque me esté rompiendo. No es que no pueda estar sola. Es que no quiero enfrentar que tal vez no sé quién soy si nadie me está mirando. Me llamo dependiente como si fuera una etiqueta clínica, pero también es cobardía. Cobardía de mirarme al espejo y hacerme cargo de mí. Porque mientras corra hacia otro...