Entradas

Mostrando las entradas de enero, 2026

Juraste volver.

Tú me metiste a los corridos en la sangre y ahora cada canción me desangra lento. Yo juré que no viviría este dolor, pero aquí estoy rota en silencio, ahogándome en recuerdos. Tengo un hueco en el pecho donde antes estabas tú, y duele respirar porque el aire ya no alcanza. Dime qué hice mal. Dime en qué momento dejé de valer. ¿Por qué te fuiste si me juraste volver? Ahora tu ausencia suena más fuerte la música duele más. y yo sigo esperándote, esperando a alguien que ya decidió irse.

Navy Blue.

Me siento jodidamente sola. Así, sin metáforas bonitas. Sola aunque respire, sola aunque esté conectada. La cabeza no se calla, el pecho se siente hueco como lata vacía pateada por la vida. Reviso el celular como una idiota con esperanza, esperando que alguien me haga sentir que importo. ¿Tan ocupado estás que ni abrir un mensaje puedes? ¿O simplemente soy tan irrelevante? Siempre soy la que espera, la que entiende, la que se queda callada para no molestar. Y aún así, nunca soy prioridad. No estoy viviendo, estoy sobreviviendo en modo automático, peleando con mi mente todos los malditos días. No quiero discursos, no quiero promesas falsas, no quiero un “luego hablamos”. Quiero que alguien se quede cuando me estoy cayendo. Pero lo único que sale de mi boca, Estando cansada, rota y navy blue hasta el alma, es un "por favor, no te vayas". "No me dejes sola".

Cuando lloro, estorbo.

Dicen que la familia sostiene, pero aquí llorar es una falta de respeto. Aprendí a cerrar la boca antes de que me la llenen de preguntas, antes de que mi dolor se vuelva algo incómodo que hay que corregir. A veces me dan cariño, sí, pero dura poco y pesa mucho. Viene con juicios, con miradas que cansan, con la advertencia silenciosa de no sentir tanto. Cuando lloro, estorbo. Cuando callo, descanso. Estoy cansada de explicar lo que siento, de justificar por qué duele, de parecer fuerte para que nadie se moleste. Me cansé incluso de tener hambre, de pensar qué comer, de ocupar espacio con un cuerpo que ya no sabe para qué sostenerse. Cargo un vacío que nadie quiere mirar, un hueco que no se llena con consejos ni con frases. Estoy rodeada de gente que no quiere saber cómo estoy, solo quiere que funcione, que no rompa el orden, que no incomode. Aquí no se acompaña el dolor, se tapa. Aquí no se escucha, se exige. Y yo, para no provocar enojo, me volví pequeña, callada, ligera… como si desap...

Tal vez.

Tal vez no soy especial, solo una sombra buscando ser vista. Tal vez no soy la favorita de nadie, ni el lugar al que alguien quiere volver. Tal vez no valgo la pena, porque aprendí a mirarme con los ojos de quien no se quedó. Tal vez no soy suficiente, y esa palabra pesa más que mi nombre. Tal vez, si fuera más bonita, más brillante, más feliz… si fuera menos yo. Tal vez me elegirían, tal vez sería querida. Pero aquí estoy, cansada de cambiarme para merecer amor.

Criada para tener miedo.

Nací con un corazón sin límites, capaz de amar sin permiso, sin géneros, sin reglas. Nací pan, pero crecí aprendiendo que ese amor podía costarme la casa, el apellido, el abrazo que nunca fue fácil. No me enseñaron a odiar, me enseñaron a tener miedo. Miedo a las miradas duras, a las palabras que hieren, al silencio que expulsa. Aprendí a esconderme bien, a medir cada emoción, a tragarme el temblor cada vez que alguien pregunta de más. Porque aquí amar distinto no es solo decepcionar, es arriesgarse al rechazo, al desprecio disfrazado de opinión, a dejar de ser familia. No puedo amar a todas las personas como realmente quisiera. Tengo que elegir qué sentir, qué callar, qué negar antes de que me lo arrebaten. Cada sentimiento verdadero lo escondo antes de que respire, no por vergüenza, sino por terror a perderlo todo. No es que no sepa amar, es que me obligaron a sobrevivir en un lugar donde mi amor es visto como una amenaza. Nacida para amar sin límites, criada para tener miedo. Y tal ...

Me duele.

Dicen que lo tengo todo,  pero no me sirve. Me siento triste,  me siento abandonada. Odio este sentimiento,  odio perder el tiempo. Quiero atención,  quiero tu atención. Me duele la cabeza de tanto pensar, de tanto mirar el celular, de ver el tiempo pasar. Me duele la espalda de tanto dormir, de estar acostada, de solo existir. Me duele el corazón por tanta taquicardia, por tanto vacío, por un dolor que no se calma. No sé qué hacer, no quiero hacer nada. No quiero sentir, no quiero seguir… No quiero morir,  deseo vivir. Quiero dejar de solo existir, Y por fin ser feliz.

Todo estará bien.

Sé que todo estará bien, o al menos eso repito para no recaer. Dicen que el tiempo lo cura todo, pero el tiempo solo enseña a vivir con el dolor. Las heridas no se van, se pudren en silencio. Aprendes a sonreír encima de ellas y a fingir que ya no arden. Tal vez mi vida se construyó sobre un error: nunca aprendí a vivir, solo a resistir. Me quedé atrapada en lo que fue y a diario sigo muriendo ahí. Me inventé un mundo para sobrevivir, una cárcel con nombre de estabilidad. Llevo años hundida, llamándole tristeza a la costumbre de doler. Aun así, no me rindo. No porque tenga fe, sino porque cansarse de sufrir también es una forma de esperanza. Tal vez algún día no duela despertar. Tal vez algún día deje de sobrevivir y aprenda, por fin, a vivir.

Ya no me interesas.

Desde que te fuiste,  todo cambió abruptamente. Regresó mi viejo amigo, el vacío,  acompañado de mi eterna amiga, el karma. Quería dejar de existir,  pero en el fondo no quería morir. Quería dejar de sentir  dejar de pensarte,  así que me arrepentí,  aunque se quedará la cicatriz. Tal vez con este dolor  estoy pagando todo el daño que hice. Lo acepto,  pero me niego a quedarme atrapada. Busqué ayuda para sanar mi mente  y poco a poco comencé a perdonarte. No volveré a ir por ti,  aunque a veces te extraño. Buscarte me hace más daño,  me resigno a perderte,  esta vez para siempre. Ya dejé de necesitarte,  ya dejé de soñarte. Ya no me atormentas,  ya no me interesas.