Coronas fúnebres.
El día que muera no se atrevan a llevarme ni una sola flor.
No decoren con pétalos lo que en vida dejaron seco.
No quiero mariachis llorando canciones que jamás cantaron para mí cuando todavía respiraba.
No quiero manos temblorosas dejando rosas sobre un pecho que ignoraron cuando latía.
Porque no fui jardín para ustedes.
Fui desierto.
Y aprendí a florecer sola.
No me construyan un altar si nunca me sostuvieron cuando me estaba cayendo.
No pronuncien mi nombre con ternura si en vida lo dijeron con distancia.
Las coronas fúnebres no reparan los silencios.
Las lágrimas públicas no limpian las ausencias.
No me amen cuando ya no incomodo.
No me valoren cuando ya no necesito.
No me abracen cuando ya no puedo sentir el peso.
El amor que llega tarde no es amor.
Es remordimiento.
Y yo no quiero ser su remordimiento perfumado.
Si recibiera flores, quisiera que fuera mientras pueda olerlas.
Mientras pueda mirarlas.
Mientras pueda creerles.
Después de eso,
nada vale,
y nada importa.
Comentarios
Publicar un comentario