Soy yo.
Odio en lo que me he convertido.
Y lo peor es que no es accidente.
Soy yo eligiendo lo mismo una y otra vez.
No sé estar sola
porque me doy miedo.
Porque cuando no hay nadie,
solo quedo yo
y no me gusto.
Digo que necesito amor,
pero lo que necesito es anestesia.
Cualquier mensaje sirve.
Cualquier abrazo sirve.
Cualquier "te quiero" mal dicho sirve
con tal de no sentir el hueco.
Me quejo de que me dejan,
pero yo me abandono primero.
Me traiciono.
Me hago pequeña.
Me adapto.
Me doblo.
Acepto migajas
y luego lloro porque no me dieron un banquete.
¿Quién me obligó a sentarme en esa mesa?
Nadie.
Soy yo buscando validación
como si fuera oxígeno.
Soy yo rogando que alguien se quede
aunque me esté rompiendo.
No es que no pueda estar sola.
Es que no quiero enfrentar
que tal vez no sé quién soy
si nadie me está mirando.
Me llamo dependiente
como si fuera una etiqueta clínica,
pero también es cobardía.
Cobardía de mirarme al espejo
y hacerme cargo de mí.
Porque mientras corra hacia otros,
no tengo que trabajar en mí.
Mientras mendigue amor,
no tengo que aprender a dármelo.
Y así sigo...
repitiendo,
persiguiendo,
prometiendo que esta vez será distinto
mientras hago exactamente lo mismo.
Lo brutal de esto
es que nadie me está haciendo esto.
Soy yo.
Comentarios
Publicar un comentario