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Hobby.

Que mi hobby sea sobrevivir es levantarme con la urgencia clavada en el pecho, buscando qué hacer para no morir, inventándome razones diminutas para seguir, remendando el alma con lo que encuentro, tragándome el grito y caminando aunque sangre; porque hay días en los que todo duele, y aún así elijo quedarme.

Amado así.

Creo que nunca he amado así, es como si el corazón se me saliera de las manos cada vez que te nombro. Contigo, el cielo ya no es tan lejano, es como una promesa: dos miradas perdidas, y el mundo haciendo pausa solo para vernos existir. Me gustaría acompañarte en las tardes, cuando el café está tibio y la vida no duele tanto, sentarnos en calma a intentar entender esto que sentimos, aunque nunca lo logremos. Soy eso que no se entiende, eso que ama sin medida, sin manual, sin saber hacerlo bien. Perdóname si a veces duele, si mi forma de quererte raspa más de lo que abraza. No es falta de amor, es todo lo contrario: es amor en exceso, sin saber en dónde colocarlo para que no te rompa. Pero créeme… cada parte de mí que falla también es la que más te elige. Y si supiera amar de otra forma, tal vez sería más fácil… pero no sería tan mío, ni tan verdadero como esto que siento por ti.

Me elegiste a mí.

Nunca creí poder ser amada por alguien como tú, tú tan atractivo, y yo tan acostumbrada a esconderme en lo sencillo, en lo que no se mira dos veces. Crecí entre silencios que pesaban más que mi cuerpo, entre miradas que aprendí a esquivar, y palabras que se quedaron a vivir en mí como dudas. Y entonces llegaste tú, con tu forma tan intensa de mirar, con esa manera tan tuya de cuidarme, con esa forma de quedarte como si nunca hubieras pensado en irte. Todo empezó con una conversación, tan simple, que nunca imaginé que en medio de palabras comunes alguien empezaría a elegirme. Contigo el tiempo se vuelve ligero, se me olvida pesar, se me olvida esconderme, y por momentos hasta se me olvida dudar. Pero hay días en los que regreso a mí, a la versión que no se cree suficiente, a la que se mira con dureza y no entiende qué viste en ella. Y aún así… te quedas. Aún con todo lo que me cuesta aceptarme, con todo lo que cargo, con todo lo que fui antes de ti… aún así me elegiste a mí.

Me miras.

Sé que todavía me miras, aunque finjas no hacerlo; yo también te busco en todo lo que intento no ver. Te encuentro en los recuerdos, en lo que no digo, en este silencio que pesa más que haberte perdido. Te extraño como se extraña lo imposible, como duele lo que no se nombró, como se queda clavado en el pecho todo lo que no se explicó. Ya no sé quién eres, ni en qué versión de ti te quedaste; ¿dónde está mi amigo? ¿en qué momento dejaste de buscarme? Te fuiste por mis errores, por mi forma torpe de amar, por todo lo que sentía pero no supe cuidar. Y me duele… no haberte perdido, sino haber sido yo quien te enseñó a irte. No quiero volver a ser lo que fuimos, ni desenterrar lo que rompí… solo quiero saber si alguna vez fui algo bueno para ti.

Amarilla.

La vida debería ser amarilla, pero no de un amarillo tibio, sino de ese que encandila y cega, que promete luz aunque sea incendio. Amarilla… o amar-i-lla, amar… y ya, aunque el cuerpo no alcance, aunque el alma se desborde. Porque hay "amores" que no saben sostenerse en calma, que se vuelven costumbre, necesidad, una forma de respirar prestado. Amar-i-lla… amar como si el otro fuera hogar y también un huracán, como si irse fuera morir y quedarse… romperse. Amar y ya, aunque duela más de lo que cura, aunque uno se pierda en el intento de ser suficiente para alguien más. La vida debería ser amarilla, intensa hasta el borde del abismo, donde el amor se vuelve vértigo y el vértigo… adicción. Porque a veces amar es olvidarse de uno mismo, es incendiarse por dentro para dar calor a otro. Amar-i-lla… amar incluso cuando quema, cuando deja cortes, cuando convierte el latido en una urgencia que no descansa. Y aún así, hay algo hermoso en la caída, en esa forma tan humana de romperse p...

Amor.

Amor, lo que siento por ti no es dulce… es un pulso que no me deja en paz, una urgencia que me habita y pronuncia tu nombre aunque intente callarla. No eres calma, eres ese temblor que me recorre cuando te acercas demasiado, cuando el aire entre nosotros se vuelve insuficiente para todo lo que quiero decirte sin palabras. Porque no es solo quererte… es necesitarte en lugares donde nunca antes había sentido hambre. Hay algo en tu forma de mirarme que me desarma lento, que me quita el control sin hacer ruido… y yo no quiero recuperarlo. Quiero perderme en ese instante donde tu cercanía pesa, donde mi respiración se rompe y todo en mí te responde sin pensar, sin medir, sin huir. Me vuelvo fuego contigo, pero no un fuego que destruye… uno que arde porque encontró por fin dónde quedarse. Y si esto es caer, Amor, déjame hacerlo sin miedo, porque en tu presencia no me siento en peligro… me siento elegida, intensamente viva, como si mi cuerpo y mi alma por fin hablaran el mismo idioma.

Flores amarillas.

Y ahí estabas, sosteniendo un ramo de flores amarillas, como si supieras que ese color iba a quedarse a vivir en mi memoria. Abrí la puerta de cristal y el mundo se quedó atrás. Porque ahí, frente a ti, todo dejó de importar. Mis manos temblaban, mi respiración se rompía,  y mi corazón… mi corazón no latía, corría hacia ti. Me acerqué, lenta por fuera, pero por dentro ya te había alcanzado mil veces. Tú también venías hacia mí, con esa forma tuya de hacer que todo se sienta inevitable. Y entonces pasó… No lo pensé. No lo dudé. No lo contuve. Te abracé como si se me fuera la vida, como si en tus brazos encontrara todo lo que nunca supe que me hacía falta. Y te besé… con el alma temblando, con el miedo deshaciéndose, con el corazón entregándose sin pedir permiso. No miento al decir que en cuanto te vi, algo dentro de mí se rompió… pero bonito. Se me hizo chiquito el corazón, como si no pudiera cargar tanta emoción. Quería llorar, y estaba temblando, pero no de miedo… Era amor, era vé...

Azul intenso.

Ya no me importa que seas el rosa más suave, porque ahora sé que el azul intenso que encontré es el color que realmente me llena. Es ese tono profundo que no se desvanece con el tiempo, que no necesita disfrazarse de algo más para ser hermoso. Es calma y tormenta al mismo tiempo, es certeza en medio del caos. Y aunque alguna vez pensé que lo delicado era lo que necesitaba, hoy entiendo que lo que de verdad me sostiene es aquello que se siente intenso, real y sincero.

Ataques de pánico.

Normalicen dedicar ataques de pánico  "Amor, te dedico aquella noche en la que todo mi cuerpo temblaba. Aquella noche en la que apenas podía respirar de tanto llorar. La misma en la que la desesperación me desbordaba tanto que terminé golpeándome la cabeza, buscando mi cutter por todos lados para poder calmar el caos de mi interior.  Te la dedico porque esa fue la noche en la que el miedo me consumió por completo: el miedo de perderte, el miedo de que te fueras después de haberte herido con mi imprudencia."

Soy yo.

Odio en lo que me he convertido. Y lo peor es que no es accidente. Soy yo eligiendo lo mismo una y otra vez. No sé estar sola porque me doy miedo. Porque cuando no hay nadie, solo quedo yo y no me gusto. Digo que necesito amor, pero lo que necesito es anestesia. Cualquier mensaje sirve. Cualquier abrazo sirve. Cualquier "te quiero" mal dicho sirve con tal de no sentir el hueco. Me quejo de que me dejan, pero yo me abandono primero. Me traiciono. Me hago pequeña. Me adapto. Me doblo. Acepto migajas y luego lloro porque no me dieron un banquete. ¿Quién me obligó a sentarme en esa mesa? Nadie. Soy yo buscando validación como si fuera oxígeno. Soy yo rogando que alguien se quede aunque me esté rompiendo. No es que no pueda estar sola. Es que no quiero enfrentar que tal vez no sé quién soy si nadie me está mirando. Me llamo dependiente como si fuera una etiqueta clínica, pero también es cobardía. Cobardía de mirarme al espejo y hacerme cargo de mí. Porque mientras corra hacia otro...

Mi color.

Tal vez el rosa ya no es mi color. El rosa ya no me sostiene. Antes me quedaba perfecto, como si hubiera nacido conmigo. Era la luz en mis mejillas, era mi risa, era esa versión mía que tanto amaban. Ahora me lo pongo y no me reconoce. Me queda pequeño. Me queda falso. El azul empezó a meterse en mis sueños y se sentó a los pies de mi cama como si supiera que tarde o temprano lo iba a necesitar. El azul no me grita. El azul me pesa. No me hace feliz. Pero me hace sentir. Con el rosa yo flotaba. Con el azul yo me hundo… pero al menos toco fondo y sé dónde estoy parada. Me da miedo admitirlo... Hay algo confortable en esta tristeza. Algo honesto. Algo que no intenta fingir que todo está bien. El rosa era ternura. Era ilusión. Era un "todo está bien". El azul es silencio. Es aceptar que hay días donde no hay brillo. Es mirarme y no intentar convencerme de que soy la misma. Y quizá lo más doloroso no es que el azul se esté acercando… Es que yo lo estoy dejando entrar. Porque esto...

Suficiente.

Me rompiste y ahora, por primera vez, me da miedo sentir. Me amaste tanto, sin promesas, sin nombre, sin un lugar definido. Yo estaba indecisa, temblando entre el sí y el no, pero aún así decidí sentir. Había amor. Había deseo. Habían gestos de novios y silencios de algo prohibido. Pero nunca hubo una etiqueta que nos sostuviera. Nunca supe qué fuimos. Demasiado para ser amigos, insuficientes para llamarnos pareja. Un casi. Un "quédate" sin compromiso. Rompí mi propia moral intentando merecer tu amor, creyendo que dar más era la forma de quedarme. Y tal vez fue justo eso lo que terminó por quebrarnos. Sin pensar, hice cosas para darte placer, para ser tu elegida, para que sintieras que te pertenecía. Pero lo arruiné. Toqué heridas que ya estaban cerrando. Hice sangrar un corazón que apenas aprendía a cicatrizar. Y me arrepiento. Te extraño en los momentos más pequeños. Aún te sueño. Aún te busco en recuerdos que no se van. Recuerdo tus besos, tus abrazos, tu olor… y cómo en e...

El hilo.

Hay silencios que no son casualidad. Son decisiones que uno no toma. A veces dejo el celular quieto, solo para confirmar lo que ya sé: si no sostengo el hilo, se corta. Hubieron palabras tan hermosas  que parecían verdad. Las creí. Creí que ocupaba un lugar real, que no era algo reemplazable. Fue suficiente un error, UNO, para que todo se arruinara. Como si lo nuestro hubiera sido apenas una nota en un papel desechable. Me pregunto qué tan fácil es olvidarme. Qué tan poco peso tuve para que el recuerdo no te incomode. Yo hice espacio para tus problemas, los entendí, los defendí incluso cuando dolían. No sabía que la comprensión no siempre es un puente de ida y vuelta. Y hay algo que duele más que tu distancia: darme cuenta de que sigo extrañando a alguien que no me necesita. A veces no sé qué pesa más, si tu indiferencia o la vergüenza de seguir esperando algo que claramente ya no está.

Coronas fúnebres.

El día que muera no se atrevan a llevarme ni una sola flor. No decoren con pétalos lo que en vida dejaron seco. No quiero mariachis llorando canciones que jamás cantaron para mí cuando todavía respiraba. No quiero manos temblorosas dejando rosas sobre un pecho que ignoraron cuando latía. Porque no fui jardín para ustedes. Fui desierto. Y aprendí a florecer sola. No me construyan un altar si nunca me sostuvieron cuando me estaba cayendo. No pronuncien mi nombre con ternura si en vida lo dijeron con distancia. Las coronas fúnebres no reparan los silencios. Las lágrimas públicas no limpian las ausencias. No me amen cuando ya no incomodo. No me valoren cuando ya no necesito. No me abracen cuando ya no puedo sentir el peso. El amor que llega tarde no es amor. Es remordimiento. Y yo no quiero ser su remordimiento perfumado. Si recibiera flores, quisiera que fuera mientras pueda olerlas. Mientras pueda mirarlas. Mientras pueda creerles. Después de eso, nada vale, y nada importa.

Sostenerse sin extinguirse.

En un intento de contenerse sin apagarse, ella se desbordó. No hubo intención de herir, pero el fuego, cuando tiembla, alcanza más de lo que piensa. Lo quemó. Él se asustó. Retrocedió protegiendo su propia piel. Y en esa distancia hubo algo parecido al abandono, aunque nadie lo llamó así. También hubo momentos  en los que el frío de él rozó su llama  y la hizo temblar. Pequeñas salpicaduras que enfriaban los bordes, que la hacían dudar de su propio calor. Ella no pedía que se quedara dentro del incendio, solo un poco de comprensión  mientras aprendía a regular su intensidad. Pero el miedo suele pesar más que el deseo  cuando la piel ya conoce el ardor. Aún así, ella sigue ahí. No para insistir, no para retener lo que se fue, sino para aprender otra forma de tocar. Quiere acercarse sin herir, rozar sin invadir, ser llama que abriga y no que consume. Y, si algún día él regresa, espera que pueda tocarla sin apagarla, sin convertir su luz en humo. Tal vez todo sea cuesti...

Mi versión nocturna.

A veces siento que soy la prueba viva de una "personalidad feliz con el alma triste". De día sonrío sin esfuerzo, hago bromas, chistes, y soy optimista. Parezco ligera, estable, incluso feliz. Pero cuando cae la noche y me quedo sola, todo se derrumba. Regresa esa sensación asfixiante de tristeza, vacío y depresión; la certeza de no ser suficiente para nada ni para nadie. No sé si ese sentimiento es real, pero existe, pesa, y aprendí a cargarlo como si fuera parte de mí. La gente se sorprendería si conociera a mi versión nocturna: esa adolescente suicida que nunca creció, que se quedó suspendida en el abandono, el silencio y la falta de amor. Nadie imaginaría que habita dentro de una casi profesionista con excelencia académica y una vida que, desde afuera, parece perfecta. Al final, las apariencias no solo engañan: mienten.

El diablo me alcanzó.

El diablo no solo me alcanzó. Me armó a putazos. Me construyó con abandono, con silencios de mierda, con gente que se fue sin mirar atrás y me dejó creyendo que amar era aguantar como una pendeja. No nací así: me hicieron así, a base de ausencias repetidas hasta que el vacío se volvió mi puta columna vertebral. Me enseñó que el amor no se recibe, se mendiga. Que tengo que dar más, callarme más, aguantar más para que no se vayan. Me metió en la cabeza que si me abandonan es porque yo soy el problema, porque soy una puta intensa, hipersensible y vulnerable… como si sentir no fuera una virtud sino un defecto asqueroso. Me convirtió en alguien que se encoge para no estorbar y luego se odia por desaparecer. El diablo me construyó el día que quise matarme por amor. Porque estar viva sin ser elegida se sentía más humillante que morirme. Porque pensé, con una claridad de la chingada, que desaparecer sería un descanso. Que dejar de existir dolería menos que seguir siendo la que ama como idiota ...

Pedirme perdón.

Ojalá algún día te atrevas a pedirme perdón. Porque fuiste refugio para mis heridas, pero cuando huiste me dejaste sangrando como nunca. Me dijeron que te fuiste porque no podías darme lo que yo necesitaba, pero yo preferí creer que simplemente ya no me amabas. Era más fácil odiarte que aceptar que me querías sin poder sostenerme. Te odio por no intentarlo. Te odio porque no fuiste el rogón que me juraste ser. Pero también te agradezco, porque a la fuerza me enseñaste que yo pedía amor cuando en realidad pedía auxilio. Gracias por dejarme ir. Y aunque me doliera como muerte, Tú ya sabías que estabas con la mujer de otro hombre.

Juraste volver.

Tú me metiste a los corridos en la sangre y ahora cada canción me desangra lento. Yo juré que no viviría este dolor, pero aquí estoy rota en silencio, ahogándome en recuerdos. Tengo un hueco en el pecho donde antes estabas tú, y duele respirar porque el aire ya no alcanza. Dime qué hice mal. Dime en qué momento dejé de valer. ¿Por qué te fuiste si me juraste volver? Ahora tu ausencia suena más fuerte la música duele más. y yo sigo esperándote, esperando a alguien que ya decidió irse.

Navy Blue.

Me siento jodidamente sola. Así, sin metáforas bonitas. Sola aunque respire, sola aunque esté conectada. La cabeza no se calla, el pecho se siente hueco como lata vacía pateada por la vida. Reviso el celular como una idiota con esperanza, esperando que alguien me haga sentir que importo. ¿Tan ocupado estás que ni abrir un mensaje puedes? ¿O simplemente soy tan irrelevante? Siempre soy la que espera, la que entiende, la que se queda callada para no molestar. Y aún así, nunca soy prioridad. No estoy viviendo, estoy sobreviviendo en modo automático, peleando con mi mente todos los malditos días. No quiero discursos, no quiero promesas falsas, no quiero un “luego hablamos”. Quiero que alguien se quede cuando me estoy cayendo. Pero lo único que sale de mi boca, Estando cansada, rota y navy blue hasta el alma, es un "por favor, no te vayas". "No me dejes sola".